6/10/16

La Diputación castiga a quienes más reciclan

La Diputación de Gipuzkoa ha esperado a que pasaran las elecciones autonómicas para hacer pública su decisión de reabrir un vertedero para residuos sólidos urbanos en Mutiloa. No solo ha esperado, sin duda para evitar un posible castigo en las urnas por parte de los ciudadanos más directamente afectados, sino que ha realizado la tramitación en pleno verano -la licitación tuvo lugar en agosto- a espaldas de los propios ayuntamientos de Mutiloa y Ormaiztegi. Un ejemplo palmario, sin duda, de la transparencia que caracteriza la "nueva gobernanza" que la Diputación publicita tan generosamente con el dinero de todos.
El fuerte de Bonanza foral
 Esta (falta de) transparencia, unida a la (nula) participación -recordemos en este sentido que la Diputación no solo se ha opuesto al proceso participativo solicitado por GuraSOS reglamento en mano, sino que ha pretendido que esa decisión no se pudiera siquiera recurrir-, hace que la "nueva gobernanza" deba ser considerada simplemente como un elemento más de la empalizada del fuerte de Bonanza en el que PNV y PSE han convertido el palacio foral. Parapetados tras sus recios muros, aguardan a que los indios/opositores a la incineradora se cansen de dar vueltas y desistan de sus reivindicaciones.
Desde luego, en lo que al tratamiento de los residuos respecta, la "nueva gobernanza" está orientada en sentido contrario a la lógica europea. En lugar de reconocer, gratificar y, en definitiva, mimar a quienes más reciclan, se les castiga. ¿Que las mancomunidades de Debagoiena y Sasieta son las que más reciclan? Pues se recompensa su esfuerzo con sendos vertederos, los de Epele (Bergara-Arrasate) y Lurpe (Mutiloa), respectivamente, que las que reciclan poco no quieren en su entorno.
 ¿Pero no decían que en Gipuzkoa no había sitio para vertederos?
 Quienes llevamos ya un tiempo haciendo seguimiento de la problemática de las basuras nos hemos hartado de oír en los últimos quince años de boca de los responsables forales proincineradores que "Gipuzkoa carece de sitio para vertederos" (como si, por otra parte, la incineradora no precisase de ellos). Recordemos que, durante la pasada legislatura, PNV y PSE protestaban porque no se cerraban los vertederos existentes (aunque es verdad que también cuando se cerraban, como en el caso de Urteta). Muy especialmente se negaron a prolongar la vida útil del de Sasieta, a pesar de que existía un proyecto para ello, y a veces lo hicieron en términos casi épicos. Recordemos, por ejemplo, cómo se expresaban los jeltzales: “El PNV tratará de impedir por todos los medios que Bildu vuelva a abrir Sasieta, último vestigio de los vertederos, fiel reflejo del pasado al que nos quiere retrotraer”. Y, mira por dónde, después de lograr su objetivo de cerrar Sasieta, ahora se disponen a recuperar uno de esos “vestigios del pasado” a apenas 4 kilómetros, en Mutiloa. Eso sí, el nuevo vertedero -bastante más caro, por cierto, que el proyecto de regulación de Sasieta-, está en manos privadas, concrétamente de Ferrovial.
En Gipuzkoa no había sitio para vertederos, ni siquiera para un depósito de residuos inertizados, que no dudaban en calificar como "vertedero", porque decían que las balas podían seguir conteniendo "hasta un 10%" de materia potencialmente contaminante. Y, de repente, ahora aparecen no uno sino por lo menos dos lugares adecuados para acoger no ya residuos inertizados sino basura mezclada (100 % contaminante). Casualmente, ambos están ubicados en Debagoiena y Sasieta, mancomunidades que recogen selectivamente en torno al 70% de los residuos domésticos que generan, y no en las que menos reciclan, las de Debabarrena y Txingudi, que no sobrepasan el 40%. Estas dos mancomunidades, por cierto, están presididas por compañeros de partido del Diputado de Medio Ambiente, José Ignacio Asensio.


Solidaridad con quienes, por pura comodidad, se niegan a reciclar
 Este hecho por sí mismo pone de manifiesto lo que de oportunistas y falaces tienen las apelaciones a la necesaria "solidaridad interterritorial", porque la problemática de las basuras se resolvería de manera más rápida, eficaz, económica, saludable y sostenible si los municipios y mancomunidades que no alcanzan (porque no les da la gana) los objetivos mínimos del 60% de recogida selectiva aplicasen las mismas o parecidas recetas, de eficacia demostrada, que se utilizan en Arrasate, Zegama, Segura o Bergara, por ejemplo.
El caso de Ormaiztegi, cuya población se vería directísimamente afectada por el vertedero de Lurpe, es especialmente ilustrativo. Se trata de uno de los municipios que ocupan la parte alta del ranking de recogida selectiva de la Mancomunidad de Sasieta (cerca del 90%). ¿Y va a tener que soportar de buen grado las molestias de un vertedero no para el rechazo, para lo no reciclable, sino para lo que se ha convertido deliberadamente en no reciclable porque, por pura comodidad, se ha recogido todo mezclado, en lugar de hacerlo separadamente, como responsablemente hacen los vecinos del propio Ormaiztegi?
Lurpe, antes vertedero de industriales y ahora de urbanos
¿Dónde queda aquí la gobernanza? ¿La Diputación preguntará a los vecinos de Ormaiztegi y Mutiloa si quieren el vertedero? No parece probable que lo haga, cuando ni siquiera les ha informado de lo que estaba planeando.
 Sin duda, en el fuerte de Bonanza foral la familia política que lo dirige sigue parapetada en el oscurantismo y la imposición.